Animal: mi amigo que vende microondas a marroquis para financiar la escalada

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En mi primer día de escalada en Riglos, mi amigo David me dijo que yo iba a escalar con un tal “Animal”. Yo pensé que este nombre se lo habrían puesto porque escalaba como un animal, un bicho, o como dicen con frecuencia en España, como un mutante. Empecé a haceme la película en la cabeza: ¿Quién será este Animal? ¿Y, sobre todo, por qué diablos se llamará Animal?

Animal me da la Bienvenida!

Llegué a la casa de Animal a las 10 de la mañana. Animal vagaba por la cocina de su casa, vestido en unas mayas, una camiseta sin mangas y cresta en la cabeza. Andaba medio congestionado e iba escupiendo gargajos llenos de mucosidad por todos lados. Dentro de la casa, la música “punki” –tal como se conoce aquí— competía con las gallinas que iban y venían por el jardín, justo debajo de la ventana de la cocina. Yo, aun dormido, me puse en la cocina a desayunar con el Animal. Animal me sirvió un té marroquí y mientras la música ruidosa y estridente me despertaba los sentidos, me dijo:

“Desayunamos y nos vamos. Es mejor que nos marchemos pronto ya que el techo de la casa se cayó hace unas noches y la viga no tiene pinta de aguantar mucho más.”

Tendré que conocer a este personaje mejor antes de que se le derrumbe la casa, decidí.

BOLEA

Bolea es un pueblo de unos 400 habitantes en la Hoya de la Huesca, ubicado en Aragón, España. Desde afuera parece un pueblo típico de la zona: con una iglesia tipo colegiata del siglo XI que se extiende encima de una colina y protege al pequeño pueblo de los malos y malvados (como el Animal). Desde cualquier casa se ve la cordillera del pre-pirineo y el cielo se abre hacia el horizonte como un mar invertido. Las calles estrechas y serpenteantes desmiembran las casas de piedra y terminan en un campo que abastece a los seres humanos de todo aquello que se necesita para vivir: agua, verduras, carne, vino, leña y roca.

Bolea: Mi casa durante 3 semanas

‘Roca’ digo porque algunos de los habitantes de Bolea como Animal han llegado exclusivamente a causa de la escalada. La migración y el peregrinaje hacia estas paredes no es cosa reciente. La roca aragonesa ha sido protagonista de la evolución de la escalada en varias disciplinas, sobre todo la escalada de aventura, en los inicios de la escalada en España en los años 50.

Escalador español escala Chopper (5.10b)

Llegué a Bolea gracias a mi amigo David, que lleva más de siete años en Bolea. Nos conocimos en Tailandia bajo las calurosas paredes de caliza. David y su banda de Huesca me convencieron de que en Huesca hay una calidad de escalada altísima combinada con un estilo de vida tranquilo. Tenía que verlo.

Guardé la invitación, encontré la razón para irme y con la mochila a la espalda acudí a la puerta de Bolea como un foráneo buscando otro lifestyle basado en las relaciones humanas, la cosecha de la tierra y una conexión pura con la naturaleza.

Lo primero que Animal me dijo fue que él no era deportista. Efectivamente, el personaje del Animal hace llamamientos a los escaladores pioneros del deporte, aquellos cuyas vidas giran en torno a la escalada, la montaña, la aventura y el desafío. Todo el trabajo que hace es para poder escalar otro día más. Se trata de un personaje que tiene la imaginación empotrada en la roca. Mientras estaba en Bolea, Animal reorganizó su cuarto de equipo de escalada. Y el día que llegué para almorzar me lo encontré sonriendo como un niño.

“Ven y te muestro lo que hice hoy por la mañana. Todo está organizado por disciplina y tamaño.”

David, Amigo de Animal Nunca Dejará Riglos!

Mientras me hablaba me vinieron a la mente los refranes de muchos escaladores amigos míos: homeless, climb more.

Animal se crió en “la selva urbana” conocida como Madrid. A los 14 entró al mundo de los autos, carreras de Rally y ya, a los 17, piloteaba un coche. Sin mucho afecto, Animal se casó con las anfetaminas y la cocaína. A los 20 años, cuando un amigo le llevó a la montaña, Animal dejó las “drogas de la ciudad por las drogas de la naturaleza.”

“La escalada es otra droga. Ya tengo mi estimulante con la escalada. La gente de la ciudad necesita las drogas para socializarse. Están solos. Aquí en el pueblo tengo dos amigos de puta madre y toda la roca que quiero. Las drogas sobran.”

RIGLOS VERTICAL

Los Mallos de Riglos desde muy lejos

Después de escapar de su casa sin serios daños, nos dirigimos hacia los Mallos de Riglos, las paredes más altas de la zona y, por sus características, la roca más admirada, con más personalidad e historia. Los mallos (palabra aragonesa que designa una torre de roca) constituyen una cadena de enormes peñas de roca conglomerada que alcanzan unos 300 metros, mayormente desplomados. Los tamaños de los bolos conglomerados varían desde el tamaño de un puño hasta el de un microondas, y hasta algunos Smartcars incrustados en las paredes. Debido a una serie de panzas y extensos largos de desplome, la escalada en Riglos es considerablemente exigente. Luego, debido a alejes entre parabolts y la precaria protección, y sobre todo a la sensación de que estos bolos se desplomarán en cualquier momento, la escalada en Riglos es fundamentalmente psicológica. Y la historia de la escalada en los mallos es nada menos que impresionante.

En los años 50, un grupo de escaladores de Zaragoza y de la zona coronaron varios mallos. Los más famosos de aquellos fueron la cordada de Rabadá y Navarro. Estos dos se lanzaron en alpargatas a los bolos de Riglos, y, en una ocasión, pasaron 3 noches en las paredes, buscando el camino de menor resistencia para conquistar al mallo Firé. Hoy, una cordada fuerte puede subir un mallo en menos de 3 horas.

Rabadá y Navarro, 1960, Mallo Firé

En aquel momento, Rabadá y Navarro usaron cuerdas de cáñamo, clavos caseros y no utilizaron arnés, sino que Rabadá inventó un nudo para atar la cuerda a las piernas y al abdomen. Estos dos chicos, que nacieron en familias de clase obrera y, que tenían que trabajar los días de semana, apenas tenían tiempo para dedicarse a la escalada. Después de subir a los mallos, los dos volvieron a sus familias, barrios y vidas sumamente pobres todavía durante la época posguerra en España.

Mientras Rabadá era el visionario, el que visualizó la ruta, el pequeño Navarro era el mejor escalador de roca. En aquellos tiempos que ya se practicaba escalada de roca en Francia y Cataluña, pero fueron Rabadá y Navarro los que lograron varias primeras ascensiones de las paredes más emblemáticas de España, tal como la cara oeste del Naranjo de Bulnes y la roca de Ordesa. Los dos murieron congelados en 1963 en la famosa cara norte del Eiger en Suiza y los cuerpos fueron rescatados varios meses después de su muerte y de su fracaso.

Para Animal y sus amigos que escalan en Riglos, estas paredes de bolos de 300 metros no solo requieren una fuerza adecuada para conquistar los largos, pero también la mente entrenada para trepar sobre el patio de los mallos. Uno de los mallos más famosos y admirados es La Viscera que dispone de un techo que se extiende 60 metros hacia el horizonte, más de 150 metros por encima del suelo.

Los escaladores de Riglos merecerían una reverencia en España. No hay más de una docena que viven en las inmediaciones, y cada día los fieles de Riglos escalan al menos 250-300 metros. Cada fin de semana, vienen franceses y españoles para probar las vías míticas, además, el pueblo se llena con gente que viene a hacer caminatas alrededor de los mallos, mirando a los escaladores y a los buitres que, en nutrido grupo, planean en el aire. Y, entre semana, los de la Guardia Civil prefieren escalar a trabajar.

No muy lejos, en Rodellar, y más allá, en Cataluña, la escalada deportiva atrae no solo a los bichos mutantes pero también a miles de aficionados. Gracias a escaladores como Chris Sharma y Dani Andrade, estas rutas imposibles de caliza han sido mostradas en videos de escalada a todos los adolescentes del mundo. Sin embargo, casi nadie fuera de España sabe de los bolos de Riglos.

Otro día se cae sobre los Mallos de Riglos

Fue hace unos veinte años que Animal entregó su alma a la escalada, cuando Sharma todavía era un niño. Aquellos amigos que le separaron de las drogas llevaron a Animal a la Pedriza, una zona de escalada cerca de Madrid, donde los grados no reinan, pero la técnica y la mente juegan un papel importante.

Esta escuela le enseñó la adherencia y la escalada tradicional. Además, la Pedriza le ofreció a Animal una cosa más: uno de los escaladores más conocidos de aquellos tiempos en España, Jesús Gálvez. Como un líder carismático de una secta, Animal lo siguió al pie de la letra en su  libro de ética: anti-clavos, anti-parabolts, anti-huella humana. Con Galvez, Animal sacó su primera chapa. Fue la iniciación al mundo de la escalada de aventura.

Armado con unas herramientas, y ya convencido por la pasión por escalar, Animal viajó a Marruecos, un mundo que le mostraría paredes altas y el estilo de vida dirtbagging mezclado con lo del nómada negociante vendedor de manjares.

HAYAWAN

“Tengo mi trapicheo para escalar y no gastar,” me explica. El trapicheo a que se refiere Animal se ha ido repitiendo casi dos veces al año durante sus veinte años de escalada. Cuando la temporada de nieve amenaza Bolea y Huesca, Animal empieza a pensar en cómo escapar. Es más, cada invierno inventa una manera de irse a escalar, no gastar nada y pasarlo bien.

Solo, en su furgoneta, Animal cruza el estrecho entre España y Marruecos. La furgoneta va cargada con 3000 latas de la cerveza más barata y cualquier trasto que tiene a mano. Una vez en Marruecos, Animal se convierte en negociante árabe conocido como Hayawan, palabra en bereber que significa animal.

¿Qué tesoros se puede encontrar escondidos entre las latas de mala cerveza?

“Yo, bajo microondas, televisores, aparatos de música… toda la basura de Europa y de los europeos.”

Una vez en Marruecos, Animal se dirige a las montañas del Rif donde miles de personas viven de su materia prima: el cannabis. Estas familias están más que dispuestas a cambiar sus productos agrícolas por la tecnología que Animal ha sacado de un basurero de Madrid.

“Llego al pueblo de los agricultores y se lo cambio. Lo cojo y voy al desierto donde lo vendo junto con las cervezas heladas. Una cerveza a un euro” Es difícil no reconocer la ironía que representa un español vendedor de cerveza en un país musulmán. Nada menos que Animal ha repetido el negocio más famoso de las calles de Madrid y Barcelona, negocio dominado por los pakistaníes.

“Trabajar de lunes a viernes, eso sí es radical. La vida del que tiene familia y hipoteca es más radical que subir un free-solo. Este tipo es valiente. Un 80% de estas personas no quieren esta vida. Luego me preguntan por qué quiero subir una pared de roca. Yo me subo ahí porque me sale de los huevos.”

Porque le sale de los huevos.

PIRATA HASTA LA MUERTE

Después de la escalada con Animal y la constante presión de subir, yo tenía los brazos empopeyados. No podía agarrar más bolos ni negociar más panzas en las paredes de Riglos. Entonces echamos el material a la furgoneta y tomamos unas cervezas con los poblanos que viven en las sombras de los mallos.

En el curso del día, Animal me contaba de sus experiencias de conductor de rally a los 17 años, de su descubrimiento de líneas vírgenes en Cochamó y de sus 40 días en la selva amazónica. Quizá no se trata de una vida obsesionada con la roca y la escalada, sino con la adrenalina y con conocer el mundo.

“El salto base y el parapente, esto me queda por hacer, pero mi sueño es coger un velero y convertirme en pirata. Los 40 años son la cumbre de la vida, luego ya viene el descenso. No creo que muera a los 41, pero ya voy bajando del monte.”

Animal demuestra sus talentos culinarios

Mientras aceleramos por las carreteras por el pre-pirineo, su cresta de 20 años ondula en el viento. Detrás de su apariencia punki vive un héroe complicado. Los escaladores de hoy lo ven con desdén, la gente de la ciudad lo detesta y pocas mujeres lo aguantan, pero existe algo dentro de Animal que despierta afinidad. Gracias a sus experiencias y a un amor incondicional a la naturaleza, cuesta no apreciarlo así como a su estilo de vida.

Existe un lugar entre los mallos de Riglos donde los escaladores locales llevan a sus perros muertos. El mallo tiene como cima una plataforma que asemeja una bandeja desde donde los buitres se arrojan la carroña. Cuando Animal se muera, son los buitres los que se comerán el legado de otro escalador anónimo.

  • Claudio

    amo a animal, es el homre de mis seños.

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